Dibujo de Emilio Freixas

Piel de asno

No queremos quitarnos

el práctico disfraz de burro hirsuto

que tanto nos afea.

Nos aferramos a su crin amable

y arropados con ella nos dormimos

 al horror de la noche, en la esperanza

de que llegue la Aurora y con sus dedos,

tan fuertes y rosados,

haga trizas los cuerpos de nuestras pesadillas

y los avente luego en el aire tranquilo,

como restos de nubes o vedijas de lana

prendida entre zarzales.

Conservamos, es cierto,

los vestidos de sol, luna y estrellas,

pero los reservamos

para esas ocasiones especiales

que casi nunca llegan.

Por eso muchos hombres

descienden al Infierno

con su disfraz de burro por sudario.