Pesadilla del eterno retorno

Esperé tu llegada al otro lado

y recibí tu sombra

con la misma frenética alegría

del que ve aparecer, sobre las once,

el último autobús.

Pero en este otro lado

también me abandonaste.

Mi alma volvió a vestirse el pegajoso

manto de la  tristeza

y mis ojos cerró,

aunque no para siempre,

la oscuridad helada de la noche infernal.

En el interminable transcurrir de los siglos

volverán a cerrarse y  nuevamente a abrirse

un infinito número de veces 

mis ojos enlutados

para llorar tu ausencia.