Ariadna y Baco, de Tintoretto

Tu amor  llenó de gloria

las turbias soledades de mi alma.

Porque yo tenía sed y tú me diste

para beber el agua de la vida

y saciaste mi hambre con delicado néctar

de prodigiosas flores

y con el pan sublime que amasan en el cielo

las manos trasparentes de los ángeles.

Tus ojos me vistieron de hermosura

y una corona mágica de estrellas

ciñeron a mis sienes

cuando yo pobre y triste y sola estaba.