DORIA

Sé para mí como el rumor eterno

del  viento solitario

y no como las cosas pasajeras

-regocijo floral-.

En la soledad firme de los acantilados

sin sol y de aguas grises, tenme a mí.

Deja que, suavemente, de nosotros

los dioses hablen en el otro mundo

y que las sombrías flores

del Orco te recuerden.