Cupido de Guido Reni

Consejos

Dice uno:

Las penas que estoy llorando

me llegaron no sé cómo

ni sé de dónde ni cuándo.

Son tan malos los  pesares

prendidos al alma mía

que si se vuelven cantares

parecen alas sombrías,

de negras aves que con

los puñales de sus picos

desgarran  mi corazón.

Dice otro:

Anímate, compañero,  

y  paga en risas, por fin,

lo que debes al lucero

que te condujo primero

a la fiesta del jardín.

No dejes que el nuevo día

te sorprenda encenagado

en tanta melancolía,

que no fuiste tú criado

para esa amargura vana

ni has nacido en este mundo

para penar y sufrir:

cántales con alegría

a todos los que te vean,

para que ninguno  crea

que un cuervo de mal agüero

en tu corazón se cría,

en vez del tierno jilguero

que endulza los corazones

 por las brumas del otero

con sus doradas canciones.

De tu lomo, toro fiero, 

sacude las banderillas.  

Ven al florido sendero,

ven a las verdes orillas

donde habita el dulce arquero

que a las tiernas avecillas

hiere con tiro certero.

Echa a un lado las rencillas,

estira el ceño severo

y escucha las campanillas

que anuncian el reverbero

de la luz que se levanta

sobre las nubes del cielo.

Síguela y no te abandones

a pena tan despiadada,

recoge los claros dones

que te ofrece sonriente

la mañana  sonrosada.

Trata, en fin, de hallar el modo

de vivir alegremente,

que es lo primero de todo

y no  asunto baladí

o  preocupación somera,

pues no existe la manera

de que otro lo haga por ti.